Cuando realizamos la compra de un inmueble y solicitamos una hipoteca, lo más probable, es que el banco se encargue de gestionarnos la tasación del inmueble con una tasadora de su confianza.
Cuando recibimos esta tasación, es muy común que los futuros propietarios nos pongamos muy contentos si vemos que la tasación es mayor que el precio de compra…nos hará pensar que hemos encontrado un inmueble a un precio chollo!
Sin embargo, esta tasación puede ser un arma de doble filo…
Conseguida la hipoteca, y tras la compra del inmueble, tributaremos por dicha compra el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, (ITP).
Éste es un impuesto cedido a las Comunidades Autónomas, siendo cada una de ellas las que establecen el porcentaje del tributo. Por ejemplo, en Andalucía, este año 2014, se tributa al 8% del valor real o de mercado del inmueble.
Pero, ¿qué es el valor real de o de mercado? ¿El de las escrituras?
Existe mucha jurisprudencia al respecto, pero siendo prácticos, para la Junta de Andalucía el valor real o de mercado, no es el de las escrituras… es básicamente, el valor mayor de los siguientes:
- el Valor resultante de multiplicar el valor catastral por un coeficiente de actaulización aprobado anualmente y publicado BOJA, mediante ORDEN de la Consejería de Economía y Hacienda;
- el Valor de tasación aportado por nosotros en la constitución de la hipoteca a la firma de las escrituras.
Del valor real comprobado por el primer método, podemos hablar largo y tendido, pero nos centraremos en el valor de Tasación, porque al igual que el valor de tasación nos ha servido para conseguir la hipoteca, ahora, apenas unos meses después, el mismo valor servirá para que la Administración pretenda liquidarnos por dicho valor.
En este momento nuestra alegría inicial por haber comprado un inmueble “chollo” se desmorona al toparse con la comprobación del valor real o de mercado realizado con nuestra tasación elevada.
Por ello, antes de realizar la compra, debemos comprobar que el valor de tasación del inmueble que vamos a adquirir, se ajusta a la realidad o a nuestras necesidades hipotecarias, ni que sea muy alto, ni que sea erróneo, ya que no es la primera vez que las “tasaciones trampa” dan un buen palo en el bolsillo de los compradores, sobre todo de los compradores de un inmueble “chollo”.
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